Sapo Dorado

El sapo dorado o sapo de Monteverde (Incilius periglenes) es una especie endémica de Costa Rica que está clasificado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) como una especie extinta, debido a que el último avistamiento registrado para esta especie fue en el año 1989. Desde entonces muchos han sido los esfuerzos por parte de alumnos de universidades de Costa Rica, Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y otras, que se han adentrado en el denso  bosque de Monteverde en la búsqueda de algún ejemplar de sapo dorado vivo.  

Se conoce por la literatura que los machos adultos de esta especie llegaban a medir casi cinco centímetros de longitud. También, su distinguible  color dorado-naranja fluorescentes, y, a diferencia de la mayoría de los sapos, su piel brillante hace que no haya otro sapo tan merecedor de este nombre común.

Sapo dorado

Las hembras eran un poco más grandes que lo machos, pero con una coloración oscura con manchas escarlata circundadas de amarillo. Acerca de la coloración de estos animales Jay Savage, quién fue la primera persona en describir la especie, dijo: “Debo confesar que mi reacción cuando los vi por primera vez fue de incredulidad y de sospecha, de que alguien había sumergido a los especímenes en pintura de esmalte».

Acerca de la coloración de estos animales Jay Savage, quién fue la primera persona en describir la especie, dijo: “Debo confesar que mi reacción cuando los vi por primera vez fue de incredulidad y de sospecha, de que alguien había sumergido a los especímenes en pintura de esmalte».

Hábitat

Este anfibio extinto habitó en el bosque nuboso de las altas montañas de la Reserva Natural  Monteverde, Costa Rica, en un área de unos 10 km².

Conservación

Para Costa Rica, la magnitud de las disminuciones de anfibios ha sido tan severa que tres especies endémicas fueron declaradas extintas, entre ellos el famoso sapo dorado, en 2002 por la IUCN. El reducido rango geográfico de estas especies, su visibilidad y el esfuerzo de búsqueda sustancial invertido en áreas donde anteriormente eran abundantes, justificaron la clasificación de estas especies como extintas. Estas desapariciones se han atribuido a diferentes causas, principalmente el cambio climático y enfermedades emergentes como la quitridiomicosis, o el efecto sinérgico entre estos dos factores.

Reproducción

Durante las temporadas de 1977 y 1982  se  observó una forma explosiva de reproducción del sapo dorado con el inicio de las fuertes lluvias de marzo a junio en la Cordillera de Tilarán, Costa Rica. En esta época las poblaciones de estos sapos tenían un número mayor de machos que de hembras, con una proporción de 8 a 1 en los grupos de reproducción.

En la especie, a diferencia de otros anfibios, no se observó una correlación entre el tamaño corporal de los machos y el éxito reproductivo. Se conoce que el ritual de cortejo y cópula duraba casi una semana, donde se observaban luchas entre los machos hasta el apareamiento.

Después de esto, las hembras ponían los huevos en una charca del bosque y la eclosión ocurría dentro de aproximadamente dos meses. Por otro lado, el tamaño pequeño de sus nidos, con aproximadamente 230 huevos, además de su distribución limitada y su tasa relativamente lenta para alcanzar la madurez, exacerban su aparente disminución reciente de la población.