Sapo Común

El sapo común (Bufo bufo) es un anuro de tamaño bastante grande (hasta 15 cm las hembras y 10 cm los machos), piel muy verrugosa y grandes glándulas parótidas. Este es el típico sapo que la mayoría de las personas conoce, se caracteriza por su cuerpo compacto y patas cortas, además de sus glándulas venenosas que secretan sustancias desagradables para protegerse de los depredadores. 

Sapo común

Hábitat

En gran parte del Paleártico la especie más difundida es el sapo común, el cual es muy adaptable y vive en casi todos los climas, biotopos y hábitats, aunque suele ser más común en los bosques densos. Como escondrijos diurnos utiliza hoyos excavados por él mismo, hendiduras de muros, huecos entre raí­ces de árboles, grandes piedras horizontales, troncos caídos o regueras cubiertas de huertas y jardines.

Alimentación

Durante el buen tiempo, en cuanto anochece, el sapo común sale en busca de su alimento: lombrices, miriápodos e insectos. Para atrapar a sus presas suele permanecer inmóvil, en apariencia indiferente a lo que ocurre a su alrededor. Pero en cuanto un insecto pasa cerca de él, el sapo percibe inmediatamente su presencia. No es necesario que lo vea, basta con que oiga sus movimientos. Al instante, el animal se vuelve para situarse frente a su futura presa. Si ésta no se halla a su alcance, la deja moverse hasta que se detiene o queda fuera de su vista.

Entonces, el sapo avanza con pasos largos y pasa al ataque, rápido y brusco, capturando a la víctima con su lengua protráctil, que con un veloz movimiento envuelve al insecto, haciéndolo desaparecer en la boca. Con frecuencia, sin embargo, la captura es más sencilla. Esto sucede cuando la presa se detiene o pasa junto al anfibio, que por su inmovilidad y su coloración críptica no inspira desconfianza, porque parece una piedra o cualquier otro objeto inerte. En este caso se limita a lanzar la lengua sobre la presa, sin volver siquiera la cabeza.

Reproducción

Después de invernar en las capas inferiores del suelo, los sapos vuelven a la vida activa y, tras una migración en masa, se reúnen en charcas, estanques y otras aguas de puesta tradicionales para reproducirse. Los machos, que llegan primero, se entregan a enconadas luchas para la conquista de las hembras, se aparean con ellas sujetándolas por las axilas durante seis o siete días, al final de los cuales se efectúa la puesta. Esta consiste en varios miles de diminutos huevos de color negro y formando de dos a cuatro hileras, aparecen incluidos en un cordón gelatinoso que alcanza gran longitud y se enreda en las plantas.

A las dos o tres semanas nacen las larvas, que permanecen dentro de la sustancia gelatinosa de los cordones, ya deshechos. Pasados unos días quedan libres y se adhieren por medio de un disco chupador especial a la cara inferior de las hojas y tallos de las plantas acuáticas. Los renacuajos, que no exceden los 4 cm de longitud, suelen tardar unos tres meses en convertirse en adultos.

Los sapos recién formados abandonan el agua y comienzan a buscar su alimento, principalmente diminutos insectos. A esta edad sucumben por millares, porque son fácil presa de otros animales y porque no siempre encuentran suficiente alimento ni las condiciones de humedad necesarias.

Conservación

Algunas veces ni siquiera consiguen reproducirse porque los progenitores, separados de las áreas de puesta tradicional, que utilizan año tras año, por una autopista o una carretera muy transitada, mueren bajo las ruedas al intentar acudir a la cita de la reproducción. Para reducir esta enorme mortalidad de animales migratorios, en muchas zonas de Europa se construyen pasajes subterráneos «túneles de sapos» bajo las vías asfaltadas, se crean aguas sustitutivas para que los adultos efectúen su puesta sin tener que cruzar dichas vías, o incluso se suspende el tráfico durante breves períodos mientras dura la parte más importante de la migración.